La Casa de los Carrera en España.

"¡Muero por la libertad de mi Patria! "

"Pero, si después de sólidas meditaciones, conoces que nuestra ruina hará la felicidad del pueblo en que nacimos, y que hemos jurado libertar de la tiranía, ¡vamos adonde nuestro honor y nuestras intenciones lo exigen".

Don José Miguel a su hermano Luis, en carta de 1816.

 

 

Ahora que se aproxima el Bicentenario de nuestra Independencia, y el Gobierno y los medios le están dando gran importancia a esta fecha, el Instituto de Investigaciones Históricas José Miguel Carrera, quiso conocer el lugar desde donde procedía esta familia que desempeñó un importante papel en la vida militar de este país.

Este linaje comienza con Ignacio de la Carrera, que llegó a Chile en 1640, continua con importantes militares y culmina con José Miguel Carrera, que inicia la etapa independentista, teniendo su pináculo glorioso, en su nieto Ignacio Carrera Pinto, el héroe de la Concepción.

 

ORIGEN DEL APELLIDO


Para esto consultamos la Arqueología Nobiliaria de don Fernando Márquez de la Plata, que menciona el documento más antiguo relacionada con esta familia que está en la Biblioteca Nacional de Madrid: el manuscrito Gracia Dei que fue escrito durante el reinado de los Reyes Católicos, que dice “Los del Apellido y Linaje de Carrera y Camino son muy emparentados y vienen de un mismo tronco, porque proceden de dos hermanos, naturales de las montañas y valle de Trasmiera, que llaman de Aco.

En tiempo del rey don Alonso, que ganó a Cuenca y a su Obispado, y la villa, estos hermanos sirvieron al rey, y mucho, en estas guerras; ganaron mucha honra y loor y así llevaron su apellido de esta manera:

“Teniendo el dicho rey don Alonso cercado uno de los dichos Castillos, estos hermanos se señalaron grandemente en la toma de él, porque ambos hermanos, antes de amanecer, a caballo, siguiendo el uno al otro, tomaron el camino donde estaba la gente que lo defendía.

El hermano que iba adelante fue muerto por un centinela, y el otro, que lo seguía apuró con furia su, caballo, de manera que los que le seguían en su carrera, mataron a los guardias, entraron al castillo y colocaron la bandera del rey en la torre de homenaje.

Al saber el rey la hazaña de estos hidalgos, los mandó llamar, y al ver que había uno solo, preguntó por el otro hermano, y le contestaron que el otro había muerto en la carrera. Dijo el Rey: sea su nuevo apellido Carrera, y haya por armas un escudo partido, con un castillo con tres torres, y en la parte del homenaje salga un brazo, armado que tenga en la mano un pendón colorado, y encima de cada torre una estrella azul, en señal de que se hizo esta hazaña antes del amanecer, y póngase una banda negra que los atraviese, en señal de haber muerto el otro hermano en la carrera”.

Estas armas constan en la certificación de blasones dada por Juan de Mendoza, cronista y Rey de Armas de Felipe IV, el 8 de enero de 1632, a favor de Domingo de la Carrera, dueño, en aquella época de la casa de Amezqueta, del país vasco.


PREPARACIÓN DEL VIAJE


Convencí una prima que participaría en esta investigación, y a la vez yo la acompañaba a conocer el pueblo de donde procedía su familia.

Comenzamos a buscar en Google Guipúzcoa, para ver como llegar a Amézqueta, y a Alegría de Oria, que era el lugar donde había nacido don Ignacio de la Carrera en 1620, pero no estaba claro el camino a seguir.

Llamamos entonces al Ayuntamiento de San Sebastián y nos atiende, con sorpresa, la amable encargada de prensa, Asunta. Sin entender del todo nuestro interés, se compromete a buscar la ruta a Amézqueta, y le anunciamos nuestra visita.

Llegamos a Madrid el 26 de mayo, recorriendo la ciudad a través de su eficiente y bien señalizado Metro, y alojándonos en el elegante barrio de Salamanca, con las mas exclusivas tiendas. Por fin, el día 31, nos fuimos con las maletas a la Estación de Atocha, adonde tomamos el Altaria, un tren rápido, en dirección a San Sebastián. Partimos a las 13 horas, con cómodos asientos y un vagón comedor, y vimos el paisaje ir cambiando del yermo del centro de España al verde de la zona norte. Llegamos a las 19:30 horas, la estación estaba en el centro de la Ciudad, frente al río Urumea. Llovía suavemente y el ritmo de la ciudad era tranquilo, ya no era la ebullición de Madrid. Llegamos en taxi al Hotel Hesperia Donosti, muy alejado del centro de la ciudad, en una parte llena de edificaciones modernas, y el hotel también lo era. Dejamos las maletas y tomamos una micro que nos llevó por toda la ciudad, viendo las Playas de la Concha y Ondarreta, y las esculturas de Chillida, una se llama “El Peine del Viento” y está en un extremo de la bahía y hay una isla al medio. Divisamos edificios clásicos, donde alojaron los Reyes y nobles en sus vacaciones, en contraste con el Kursaal modernísima construcción entera de vidrio.

La micro nos deja en el Boulevard, ancha avenida de la parte vieja, llena de vida; las parejas, los jóvenes y viejos pasean, miran las tiendas, compran helados, la lluvia era finita, pero a nadie le importaba.

Como algo imprescindible vamos a comprar algo que entra al alma por los oídos; la música de su famoso Orfeón Donostiarra, y aunque creía no conocerla, los ojos se llenan de lagrimas al oír las viriles voces entonar “Agur Maite”. No hay como los coros vascos. Se oscurece y buscamos un lugar para comer; al azar entramos al Aldamondo, atendido por su dueña quién nos recomienda las cigalas, y como no, pimientos de piquillo. En este pequeño restaurant recibimos una muestra de la exquisita comida vasca, por algo en San Sebastián están los dos Chef mejores del mundo, y para ir donde Arzak se debe reservar con meses de anticipación.

Al día siguiente, muy temprano amanezco en el Ayuntamiento preguntando por Asunta mi amiga, y subo y bajo las escaleras de este precioso monumento que se yergue al final del Boulevard y frente al mar. El departamento de Prensa se sorprende cuando le cuento sobre José Miguel Carrera, les muestro la revista Patria Vieja, que casualmente tenía en su portada al Submarino Carrera botado al agua en Cartagena. Andoni Huegún el jefe de Prensa, se entusiasma con el tema, y luego de mostrarme el Palacio Consistorial, con sus bellas salas y vitrinas, le pide a Asunta que nos lleve a Amézqueta. Ella llama por teléfono al pequeño pueblo, y como acaban de tener elecciones, los concejales no se han decidido, y todavía no hay Alcalde, pero igual avisa nuestra visita.

Tomamos por la ruta nacional hacia Tolosa en el auto de nuestra amiga vasca, pasamos la próspera ciudad de Tolosa, con sus industrias y casa antiguas y llegamos al cruce de Alegia, antiguamente Alegria, donde tomamos un pintoresco camino interior que iba cruzando caseríos y pueblos, siguiendo siempre al lado del río Oria. Pasamos Ugarte, Zubillaga, y, llegamos a Amézqueta.


AMÉZQUETA


Esta hermosa villa, situada en la sierra de Aralar, a los pies del Monte Txindoki, está a 12 Km de Tolosa y 35 Km. De San Sebastián, tiene 20,34 cm 2 de extensión y una población de 1.020 habitantes.

La primera señal de su existencia es un monumento a los pastores, que aparece en una rotonda a la entrada del pueblo, para recordar su origen pastoril. Seguimos por la calle principal, muy limpia, las casas llenas de flores, una bella Iglesia, y como no veíamos a nadie, nos detuvimos en una fábrica manufacturera de papel. Inmediatamente salen tres personas a nuestro encuentro, gritando ¡ las chilenas!. Realmente nos sorprendieron, eran dos concejales del pueblo y el alguacil, Yon, quien quedó encargado de guiarnos. Nos llevó al Ayuntamiento, pero había una sola persona que nos dijo que sólo era un ayudante. Estaban haciendo arreglos, pero además, como recién había habido elecciones, todavía los concejales no se ponían de acuerdo para elegir al alcalde. Yon, muy amable y locuaz, subió a nuestro auto y, nos llevó a la casa que decían había sido de los Carrera, estaba situada exactamente donde la había descrito un cronista el siglo pasado, con un costado casi tocando el río, pero completamente refaccionada como todas las casas, del entorno; sus tres pisos de piedra habían sido estucados, un parrón cubría uno de sus costados, y las ventanas y puertas habían sido ensanchadas, el espesor de sus muros se mantenía, y desde allí había una bella vista al Txindoki, la cumbre mas alta de la sierra de Aralar.

Su propietario era actualmente de la familia Arteaga, y quedó muy sorprendido de saber que había sido de los Carrera el año 1.600. Continuamos con Yon para conocer a otras familias Carrera que aún continuaban allí, poseían campos, vacas y ovejas, y tenían un buen pasar y eran conocidos por lo ordenados y cuidadosos de sus campos, y sus familias, físicamente muy parecidos a cualquier chileno que vemos hoy en la calle, amables y sorprendidos también con su parentela de Chile, y era razonable, pues don Ignacio de la Carrera Iturgoyen, caballero de las Ordenes de Calatrava y de Alcántara, infanzón, señor de la villa de Rentería y con Mayorazgos en Alegría de Oria y Sevilla, llegó a Chile en 1639. venía como Gentilhombre de Armas y de Guión del Marques de Baides.

LOS CARRERA EN CHILE


Don Ignacio fue gobernador de Chiloé, Maestro de Campo General y Gobernador de las Armas del Reino, Gobernador de Valdivia y Alcalde de Santiago. Se casó con Catalina Ortiz de Elguea, y entre sus hijos, se destacó Miguel, también Maestro de Campo, Teniente General del Reino, sucesor de los mayorazgos de su padre en Alegría de Oria y en Sevilla de la casa de Iturgoyen, “con todas sus casas y tierras anexado a la capilla Mayor de Nuestra Señora de Aranzazu”.

Fue padre de don Ignacio de la Carrera y Ureta, también Maestre de Campo, Corregidor de Coquimbo y Limarí, casado con doña Javiera de las Cuevas, padres de Ignacio de la Carrera y Cuevas, Maestre de Campo, Alcalde de Santiago, Coronel del Regimiento de Caballería del Príncipe y General del Ejército Patriota nombrado por el Congreso en 1811.

Desterrado a la isla de Juan Fernández por haber participado en las luchas independentistas, hubo de sufrir mucho más cuando asumió Bernardo O´Higgins; quién le expropió sus bienes para pagar la escuadra que su hijo José Miguel trajo desde Estados Unidos, también le cobró los gastos del fusilamiento de sus hijos Juan José y Luis en Mendoza. De su matrimonio con doña Paula Verdugo, cuyo padre era abogado, Alcalde, Juez de Naturales en Perú y Oidor de la Real Audiencia de Chile, nacieron los hermanos, Juan José, José Miguel y Luis, todos con educación militar desde pequeños, y Javiera, de gran carácter y, cultura superior a la de las mujeres de esa época.

JOSE MIGUEL CARRERA EN ESPAÑA


El tercer hijo de don Ignacio y doña Paula fue José Miguel, Teniente del Regimiento del Príncipe de la Caballería en Santiago, educado en el Real Colegio de San Carlos, quién llega a España en 1807, deseando participar en la lucha de la Independencia de España contra las Tropas Napoleónicas. Debido a que su familia estaba desde 1640 en Chile, le costó probar su nobleza para ingresar como oficial, pero gracias al Marqués de Villapalma, es presentado al General Castaños quien finalmente le destina como ayudante del nuevo regimiento de milicias de Farnesio que se organizaba en Madrid. Defendió bravamente Madrid junto a su Regimiento, pero Napoleón en persona tomó el mando de sus tropas y les hizo retroceder hacía Toledo, y bajo el mando del Marqués de Castelar se retiraron a Consuegra.

También participó en los combates de Yébenes y Santa Cruz de Mudela, ahora en el regimiento de Voluntarios de Madrid.

El General inglés Wellington vino en ayuda de las fuerzas españolas, y chocaron estos aliados con las fuerzas francesas en la gran batalla de Talavera de la Reina; en esta acción comandada por el General español Manuel Freire, Duque de Albuquerque, Carrera, que era comandante del escuadrón, fue citado en el parte de batalla por su valor y serenidad y se le otorgó la Medalla de Talavera. En otra acción cayó prisionero y logró escapar, y el 18 de noviembre, el General español de Areizaga quiso interceptar las fuerzas del Mariscal Soult en España, y el regimiento de húsares al que ahora pertenecía Carrera le tocó soportar el peso de la lucha. Fuertemente rechazados, se produjo un sangriento combate, en el que Carrera es gravemente herido en una pierna.

Es ascendido a Mayor de Húsares de Galicia, y se le pide que reorganice este Regimiento.

Sin embargo, al saber de la Junta de 1810 en Chile, se retira con uso del grado y uniforme militar y vuelve a Chile.

En 1639 los Carrera llegaron a Chile como militares, y un Carrera, José Miguel volvió dos siglos mas tarde, a defender la patria de sus antepasados de la invasión napoleónica.

Su brillante trayectoria militar en España, no igualada por ningún otro sudamericano, no es recordado, ni en España, ni en Chile, que se debería enorgullecer de sus méritos.

Por Ana María Ried Undurraga, junio 2007.

 

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